Diario
Las Americas - August 30, 2002
Arte
Figuración + surrealismo
Juan José Vilacoba
Por Jesus
Hernández
Si reafirmamos que la figuración pictórica es el género que
representa formas y objetos reconocibles o realidades concretas en
oposición a la abstracta, entonces diríamos que hemos tenido pintores
figurativos desde la mismísima creación del arte, muchos miles de años
antes de nuestra era allá en los tiempos del paleolítico, cuando los
hombres, posiblemente algunas mujeres también, representaban sobre las
paredes de las oscuras cavernas los animales que servían como fuente de
alimentación. Con el paso del tiempo, los siglos y las épocas y con
ellos la evolución del hombre y el arte, hemos actualizado esa percepción
figurativa, tal como lo hizo cada cual en su momento, dándole mas
espacio, aunque parezca irónico decir en estos tiempos “materialistas”,
al sentido abstracto del pensamiento y la visión. Agregamos
elsurrealismo, tal como lo percibe la imaginación, para moldear la
realidad. A Juan José Vilacoba le surge por medio de representaciones
estrictamente figurativas: bien con una fuerte impronta naturalista, o
bien con un carácter menos fotográfico o descriptivo del sujeto o
entorno, provocando entonces alguna interpretación pictórica con
connotaciones de tinte mas emocional o sentimental.
De las piezas que estará exponiendo este viernes en el portal de
McDonalds durante el evento cultural del mes, donde completará una
pieza en directo, sobresale una que incita precisamente a una única
interpretación: balance.
Y lo plantea sobre una base muy propia: visualización y color.
La pieza lleva por título “Equilibrio” y evoca dos rostros, uno
oscuro y otro más claro y representativo de lo que significa una y otra
raza. Atrás, como soporte, plantea el tronco de un árbol frondoso, aun
sin hojas, con fuertes ramas.
La técnica empleada por Juan José es la misma que desarrolló como
estudiante allá en la escuela de San Alejandro en La Habana en los años
80 cuando fue censurado por tener creación propia. Atrevido para los
tiempos, como cualquier artista preciso, no encontró espacio para sus
interpretaciones. Mucho menos la aprobación “necesaria” para
continuar tras la figuración sobre óleo de una barba larga y maltrecha
por donde escalaban moribundos seres en busca de un grano de arroz que
emergía de la boca del barbudo. La representación era demasiado obvia
para un país completamente politizado.
En Miami, tras un período de ajustes necesarios, Juan José regresó al
pincel y los colores. Su línea prevalece como tal. El “realismo” poético
perdura, adquirido por la realización del ser humano dentro del cuerpo
del artista que emerge en un determinado contexto social. Constituye,
pues, una aspiración en el legitimo derecho de una juventud que crea
sobre las aportaciones precedentes de sus mayores.
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